-Lo siento mamá.
-Eso ya me lo has dicho.
-Pues te lo vuelvo a
decir, y te lo repito las veces que hagan falta. Lo siento.
Mi madre está
conduciendo, pero aun así me mira de reojo, intenta prestar la máxima atención
posible a la carretera y, a la misma vez, poner esa cara típica de todas las
madres para que me dé cuenta que realmente está enfadada.
-Es la quinta vez que te pasa y ya te lo advertí
la última vez, a la próxima te castigo.
Mi madre aparca como
puede en el bloque de edificios donde vivimos, lo más cerca posible de la
puerta, ya que está lloviendo.
-Anda, tira, sube a casa
y bájate la tarjeta, pero date prisa, y ya sabes la próxima vez ¡Sé más
cuidadosa o te castigo sin salir un mes!
Me bajo lo más rápido que
puedo del coche. Suerte que tengo las piernas largas, lo que me permite ir más
veloz y conseguir no mojarme mucho. Llamó al ascensor, pero tarda más de la
cuenta y decido tomar las escaleras, que seguro que llegaré más rápido y mi
madre se enfadará menos.
-¡Buenos días, Ariane!
-Ah, buenos días señora
Mendoza
Es la vecina del 5ºB, una
señora viuda, algo mayor y cotilla, pero muy simpática. Suele ir a casa a
ponerse al día de los cotilleos con la asistenta, María. Mi madre siempre me
dice «Debes guardar respeto a las personas
mayores, por mucho coñazo que te den, algún día tu también serás mayor y
estarás tan aburrida como ellas, entonces no tendrás otra cosa mejor que hacer
que ir hablando de los demás.»
-¿Como está tu madre?
-Bien, está abajo esperándome con el coche porque
tenemos una cita con mi dentista, y se nos ha olvidado la tarjeta -Digo con una
sonrisa en la boca,y con la mayor amabilidad que poseo- Bueno señora, me tengo
que ir porque se me hace tarde, un saludo para sus hijos.
-Adiós querida, y un saludo para tus padres.
Se despide de mí con la mano y continúa su camino hacia la calle.
Recuerdo cuando me mude aquí, tenía cinco años y ahora voy a cumplir 16,
en septiembre.
Conozco a todos y cada uno de los habitantes de estos pisos, y eso que hay
8 plantas y 4 departamentos en cada uno. Llegó a mi planta, la 3, más pronto de
lo que me esperaba, «Aun habiéndome entretenido con la señora Mendoza, ha sido
buena idea no coger el ascensor» pienso para mis adentros.
Abro la puerta y me pongo
a tantear por el salón, segura de que allí es donde olvidé mi tarjeta, pero
nada, no la encuentro ¡Estúpido, dentista! Hace poco más de 3 meses que me
quitaron el aparato, pero aun sigo teniendo que ir por revisión, y llevando un
incómodo aparato de dormir,
-Donde lo habré dejado...
Ah, vale, ya recuerdo. La
habitación de mis padres, lo deje ahí antes de marcharme, claro, por eso
recuerdo haberla cogido, pero entre un momento para recoger el abrigo de mi madre
y asenté la tarjeta para poder cogerlo bien, por eso se me olvido. Ósea que de
algún modo es culpa suya, luego se lo diré y posiblemente se le pase así un
poco el enfado.
Mi casa ahora es mucho
más grande que anteriormente, hace poco que mi vecino de arriba se mudo a
Italia y puso en venta el piso, mi padre aprovecho la urgente necesidad que
tenía de venderlo para hacerle una buena oferte, para nosotros claro, y así nos
hicimos un duplex, mi habitación esta arriba, junto a la de mi hermana, un
cuarto de baño y las de mis padres. También está el despacho de mi madre
que remodelamos hace poco y, un gran balcón. Abajo está el salón, la
cocina, otro cuarto de baño y el despacho de mi padre. Subo la escalera de
caracol lo más rápido que puedo, cociente de que mi madre debe estarse
impacientando. Voy directa hacía la habitación que más al fondo está, las de
mis padres.
Escucho ruidos, extraños
ruidos, una voz, se ríe. Debe ser mi padre, claro, habrá llegado pronto a casa,
que raro. Habíamos quedado en cenar todos juntos en el nuevo restaurante que
habían abierto en el centro, de que era... ¡Así! Comida tailandesa, una
recomendación de un compañero de trabajo de mi padre. Seguro que está aquí
porque se le ha olvidado algo, por eso soy así, he salido a él. Despistada.
Abro la puerta, esperándome encontrar la habitación revuelta y a mi padre loco,
buscando algo por todos lados. Como yo, desquiciado, maldiciendo esa
cabeza suya tan torpe. Pero lo que vi, lo que sentí en ese momento, no fue nada
parecido a lo que esperaba, sentí dolor, ira rabia, sentí el sentimiento más
amargo que había sentido en mi vida.
No hay comentarios:
Publicar un comentario